El Día de la Mujer en el contexto de la movilización humana

Anualmente, el 8 de marzo, se conmemora el Día Internacional de la Mujer; una fecha que no solo inmortaliza los hechos acontecidos hace un siglo atrás, sino que también nos recuerda los logros que las mujeres, durante su lucha constante, han alcanzado, uniéndose y levantando su voz de protesta ante la desigualdad y por el reconocimiento de sus derechos fundamentales.

Un poco de historia

A finales del siglo XX, en una época marcada por la industrialización y el crecimiento de pensamientos radicales, surge la idea de un Día Nacional de la Mujer, concretándose en 1909 cuando se llevó a cabo, en Estados Unidos, su primera celebración. Un año después, en 1910, se amplía su alcance al proclamarse el Día Internacional de la Mujer en favor de los derechos y el sufragio femenino. Su primera conmemoración se realizó el 19 de marzo de 1911 en Alemania, Austria, Dinamarca y Suiza; donde se logró reunir, en diversos mítines, una asistencia de más de 1 millón de personas.

A menos de una semana de este importante evento, un trágico suceso marcó la historia de la lucha femenina. El 25 de marzo de 1911, como consecuencia de las deplorables condiciones laborales que existían, ocurrió un grave incendio en la fábrica Triangle Shirtwaist en Nueva York, Estados Unidos; donde murieron 146 personas, de las cuales 123 eran mujeres trabajadoras, en su mayoría inmigrantes, entre 14 y 48 años de edad.

Otro hecho relevante se dio en San Petersburgo, Rusia, cuando el 8 de marzo de 1917 un importante grupo de mujeres realizó una huelga donde exigían sus derechos, entre ellos el voto femenino. Días después, luego de la abdicación del Zar Nicolás II, las mujeres rusas alcanzaron este derecho.

Desde entonces, el 8 de marzo es un día simbólico de protestas y manifestaciones, donde miles de mujeres recuerdan las injusticias y opresión que se han dado a lo largo del tiempo. En 1975 la ONU la institucionaliza este día, logrando así que cada vez sean más las mujeres que se suman a esta lucha por cambiar y transformar, por hacer que su voz se escuche, que su presencia se note y que sus pasos dejen huellas en la historia y en la sociedad.

La mujer en Perú

En el Perú, un país que no es ajeno a estos acontecimientos, a lo largo de su historia hemos visto, por un lado, a la mujer del pueblo, a la mujer de urbe, a la mujer andina, a la mujer aimara, a la mujer que, día a día, es capaz de dibujar en su rostro la dualidad de la experiencia humana. Hemos vislumbrado con ojos de asombro el caminar firme y denso de la mujer peruana, de aquella mujer artista, poeta, activista con sangre de fiera, aquella mujer de ideales sólidos, de sueños locos, la mujer política, la mujer que arriesga, la mujer que enfrenta, la que no se doblega ante la conformidad e indolencia. Pero también, por el otro lado, hemos escuchado el susurro discreto, el llanto agotado, el grito ignorado de muchas mujeres. Hemos aprobado el golpe extraño de una mano que derrumba los anhelos, una voz que deshonra, que acude al oprobio para desdeñar un sentimiento, hemos sido testigos de nuestra realidad, de injusticias cometidas ante los actos que perjudican la dignidad… Hoy decimos: ¡Ya no más!

Según el censo realizado en el 2017 por el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), la población femenina conformaba el 50,8% del total de la población nacional, pero esta cifra no guarda proporción con el porcentaje de participación que logran las mujeres en cuanto al acceso a oportunidades y derechos, tales como: salud, trabajo y educación; donde se observa que continúa la tendencia a priorizar a los hombres por encima de sus pares femeninos por lo que, a pesar de los cambios numéricos a favor de la mujer que se han comenzado a alcanzar en los últimos años, todavía permanecen las brechas y diferencias en la sociedad.

Para profundizar más la situación, en los dos últimos años, Perú se ha convertido en un país receptor de emigrantes. Según la más reciente cifra de la Superintendencia Nacional de Migraciones, nuestro país alberga a 708 mil personas venezolanas, de las cuales el 47% son mujeres que deciden permanecer formalmente en el país o que solo se encuentran en tránsito, como se menciona en los resultados del Monitoreo de Flujo realizado por la OIM durante el 2018.

La discriminación, las diferencias en el ámbito laboral o ingresos salariales alcanza a la mujer venezolana, por lo tanto, su lucha es la lucha de todas, el ahínco recíproco permite sumergirnos en la equidad sin importar la nacionalidad, el origen étnico, idioma, religión o cultura. Abracemos las diferencias y eliminemos las fronteras, hagamos del Perú un país diverso donde la mujer venezolana, así como la mujer peruana, sea capaz de elevar su voz y protagonizar roles activos para el progreso y desarrollo de nuestra sociedad.

En este sentido, es de crucial importancia incorporar nuevas estrategias que permitan la acción equitativa de ambos géneros, así como redefinir y reflexionar sobre las decisiones que se vienen tomando frente a las situaciones que acontecen cada día. Para esto es necesario el compromiso de la población. No un compromiso vano que se diluye y no prospera en el suelo estéril, sino un compromiso que va más allá de las ideas, que es capaz de batallar frente a los muros y derribar las más sólidas barreras.

En nuestras manos está la tarea de escribir la crónica del cambio, el prólogo del final de la desigualdad. En cada uno de nosotros está el hacer que la voz de las mujeres se escuche, que las lágrimas derramadas, las vidas perdidas, los cuerpos magullados por la indiferencia y la mezquindad, los sueños mutilados y los gritos silenciados no solo formen parte de una composición numérica de los gráficos estadísticos o una trágica noticia plasmada en páginas de revistas que divagan en el tiempo; sino que sirvan para trazar el ápice del respeto, de la justicia, la paz e igualdad de los derechos humanos.

Por: María Rosa Elizabeth Vásquez Barboza

 

Referencias bibliográficas