La migración y los cambios que genera en las niñas y adolescentes

La migración y los cambios que genera en las niñas y adolescentes

Fuente: Pilar Raffo, psicoterapeuta del Centro de Atención Psico-Social – CAPS
Fotografía propiedad de VenInformado.
Frase clave: riesgos de las niñas

Tengo más de un año trabajando con niñas y púberes migrantes entre 9 y 15 años y he encontrado que muchas de ellas manifiestan altos niveles de rebeldía, cambios de humor y tristeza que no solo corresponden al paso por la pubertad y adolescencia. Estas conductas preocupan a sus padres al punto de venir al CAPS a pedir apoyo. A la pregunta ¿desde cuándo exhiben estas conductas?, nos responden “desde que vinimos al Perú”.

Factores como la pérdida del territorio, del país que las vio nacer, de su casa, su familia, del colegio, de la forma como les enseñaban en sus escuelas, de sus amigos, de su estilo de vida y de cultura; producen un duelo que muchas veces los padres perciben a través de cambios en su conducta.

Los niños en general expresan a través de su conducta o comportamiento el malestar que sienten. Niñas que antes eran muy dóciles y bien adaptadas, comienzan a mostrarse con muchos cambios de humor y rebeldía que no se deben solamente a la pubertad y adolescencia.

Si a lo anterior le sumamos la xenofobia expresada a través del bullying en los colegios a los que han asistido, los maltratos hacia sus padres y hacia ellas mismas que experimentan en las calles y las generalizaciones que se hacen acerca de los venezolanos, quienes muchas veces son nombrados con expresiones peyorativas; se genera una carga más pesada que incide en su afectación emocional.

Hay que añadir que las niñas son muy sensibles al sufrimiento y preocupaciones de sus padres quienes, a su vez, podrían estar pasando por un duelo a causa de la migración. Las niñas experimentan y viven con intensidad estas emociones y tratan de adaptarse a las necesidades de sus progenitores escondiendo o relegando sus propias angustias, lo que ocasiona una coagulación del dolor y desarrollo personal.

Vemos hijas primogénitas de 13 a 15 años que, en lugar de vivir su adolescencia, hacen de madres sustitutas de sus hermanos menores para que sus madres puedan salir a trabajar; o niñas de 9 o 10 años que permanecen solas en casa y deben esperar una jornada para que un adulto regrese a cuidarlas. Estas situaciones las llenan de temor, algunas veces manifiesto y otras encubierto a través de diferentes síntomas, como: ataques de pánico, problemas en el aprendizaje, aburrimiento, apatía, malhumor, entre otros.

De las primeras cosas que me sorprendieron al conocer a estas niñas es el grado de empoderamiento personal que exhiben.

  • Muchas parecen bastante más maduras, asertivas y seguras de sí mismas en la manera de expresar sus ideas que una niña peruana de 10 años.
  • Dicen claramente lo que les gusta y lo que las disgusta.
  • Muchas de ellas exhiben un desarrollo corporal bastante prematuro; no les interesa jugar sino exhibirse a través de bailes en TikTok y maquillarse como si tuvieran más de quince años.

Uno tiende a pensar si lo que engaña es el cuerpo y los prejuicios de una sociedad conservadora como la nuestra, y la chica está jugando como una niña a pintarse las uñas, maquillarse, bailar y cantar (como lo hacen todas las niñas) mientras se graba en TikTok, o si está denunciando a través de ello (como un síntoma) otro tipo de problemática.

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Riesgos de las niñas

Al parecer tan mayores y solventes, uno de los peligros es creer que pueden cuidarse solas a sí mismas, adelantando la adolescencia o la adultez.

Los padres tienen que salir a trabajar para ganarse el pan y, muchas veces, las dejan solas o con los vecinos y amigos. Así, una niña de 10 años puede empezar el día levantándose tarde, viendo TV, se calienta su comida y pasa el día sola mientras espera la llegada de algún adulto a casa.

Poco a poco, los padres se van relajando de los cuidados al ver que su hija se desenvuelve tan bien. Ella comienza a ir donde los vecinos más frecuentemente y, de repente, nos topamos con la sorpresa de que la niña denuncia un abuso del vecino.

Muchas de estas niñas vienen a Perú solas con sus madres, dejando al padre en el país de origen. Sus padres se invisibilizan para ellas y buscan otros sustitutos con el fin de llenar esta ausencia. Este vacío paternal es un peligro potencial para las niñas que puede ponerlas en riesgo de aceptar cuidados de terceros que terminan abusando de ellas.

¿Qué hacer?, ¿cómo cuidar?

Es difícil dar tips o recomendaciones sobre qué hacer cuando los padres están sobreviviendo económica y emocionalmente a la migración ya que no se encuentran en condiciones ideales para la protección de sus hijas.   Sin embargo, compartimos algunas consideraciones importantes:

  • Estar muy atentos a los cambios de conducta en las niñas y adolescentes, pues pueden tener necesidad de hablar con algún profesional ajeno a la familia a fin de expresar sus preocupaciones libremente sin cargar a sus padres más de lo que ya están.
  • En lo que se pueda, no dejarlas solas por horas sino encargarlos a algún amigo o familiar de mucha confianza con quien la niña se pueda sentir a gusto.
    • Es mejor no cambiar todos los días de persona a la que se va a confiar a la niña pues esto genera mayor inestabilidad emocional.
    • Si es posible, lo recomendable es que los padres se turnen para que uno de ellos pueda quedarse en casa con la niña.
  • Los niños requieren socializar y hacer amigos. La pandemia y la virtualidad de las clases escolares han traído mucho aislamiento de púberes y adolescentes. Es importante poder darles algo de libertad vigilada para que puedan socializar con sus amistades en algunos horarios.
  • Vigilar las redes sociales en las que las niñas se están involucrando. Hay bailes y canciones poco apropiados para menores de edad. Siempre hay malas personas que pueden abusar de ellas por este medio, más si son chicas desprotegidas y con carencias afectivas.
  • Si los padres piden limosnas en las calles y ómnibus, sería importante que no se lleven a los niños a acompañarlos ya que esto les produce malestar emocional.
    • Aunque les aseguren que es un “trabajo digno y que no están robando a nadie”, si los niños no acostumbraban en su país a realizarlo, es muy duro para ellos tolerar esta situación.
    • Al igual que a los padres, negar lo que ocasiona malestar se traduce en síntomas de conducta que parecen inexplicables.
  • Si los niños han sido víctimas de cualquier clase de abuso: sea bullying, violencia física o sexual, es importante que sea hablado con los padres en lugar de silenciarlo, y solicitar ayuda profesional.

Es importante siempre vigilar y estar atentos al cuidado de los niños y púberes. La excesiva confianza de los padres en que nada les va a pasar a sus hijas y/o la negación de que estos sucesos ocurren, se topa con la realidad de su existencia.

Detrás de estos hechos generalmente aparece mucha desprotección en una niña que, aparentemente, es muy solvente pero que lleva en su alma tristeza, soledad y sufrimiento producto de las pérdidas por la migración en un país que no necesariamente es acogedor con ella y del que pueden haberse desilusionado al imaginar que venir al Perú era recuperar “el paraíso perdido” de su infancia.

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